Cuatro de cada diez piscinas de Torrejón son nuevas: qué significa eso
El dato merece detenerse: en 2022 el Catastro registraba 578 piscinas en Torrejón de Ardoz; en 2026 son 938. Han aparecido 360 piscinas en cuatro años en una ciudad que no es precisamente de chalets. El motor son los desarrollos residenciales recientes, con Soto del Henares como el último y más grande.
Para una cubierta automática eso significa, en la práctica, que la mayoría de las piscinas de Torrejón son fáciles: vasos rectangulares de medidas normales, ejecutados con bordes paralelos y coronación a nivel, con la instalación eléctrica hecha con criterio moderno. No hay que reconstruir nada ni compensar deformaciones. Se mide, se fabrica a medida y se monta, casi siempre en una jornada.
La decisión de fondo sigue siendo dónde va el eje. El enrollador visible se apoya sobre la piedra de coronación en uno de los extremos: no obliga a picar, ocupa unos centímetros y es lo razonable en una piscina ya terminada. El enrollador sumergido va dentro del propio vaso, deja la piscina limpia a la vista y no ocupa nada, pero el hueco tiene que estar previsto antes de hormigonar. Si tu piscina se está haciendo ahora, ésa es la ventana; después, pasar a sumergido obliga a picar.
La segunda decisión es la lama: PVC, opaca y robusta, o policarbonato solar, translúcida, que deja pasar la radiación y ayuda a calentar el agua. Y lo que no se elige: todas nuestras cubiertas son motorizadas a 230 V —no existe versión manual— y la estructura y los herrajes son de acero inoxidable AISI 316L, nunca aluminio, con más de quince años de vida útil; la lama, entre diez y quince.
En seguridad se fabrican conforme a la norma NF P90-308, la referencia europea para cubiertas de piscina de uso familiar. Se dice «conforme a» con intención: no existe un certificado que se entregue con cada piscina, lo que hay es una norma de fabricación que se cumple.




