Qué implica que Villalbilla esté llena de piscinas nuevas
Entre 2022 y 2026 Villalbilla ha sumado 363 piscinas en el Catastro, hasta 2.060. Para un municipio de 18.687 habitantes es un ritmo muy alto, y coloca a Villalbilla entre los que más crecen de toda la provincia de Madrid en términos absolutos, por delante de municipios mucho mayores.
Ese dato tiene una lectura práctica. Una piscina recién construida es el mejor punto de partida para una cubierta automática: la coronación está a nivel, los bordes son paralelos, el vaso no tiene deformaciones y la instalación eléctrica es reciente. Es decir, casi nunca hay sorpresas, y eso se traduce en un montaje limpio, normalmente de una jornada cuando el enrollador es visible.
La decisión de fondo es dónde va el eje. El enrollador visible se apoya sobre la piedra de coronación en uno de los extremos; es la opción natural cuando la piscina ya está terminada, no obliga a picar y permite recoger la cubierta a la vista. El enrollador sumergido se aloja dentro del vaso, bajo el nivel del agua; deja la piscina completamente limpia, pero el hueco hay que dejarlo previsto antes de hormigonar. Si tu vaso está ahora en obra, ésa es la ventana.
En lamas hay dos familias. La de PVC es opaca, robusta y la de siempre. La de policarbonato solar es translúcida: deja pasar la radiación y aporta temperatura al agua, algo que a 747 metros de altitud, con noches frescas en mayo y septiembre, se nota de verdad.
Todas nuestras cubiertas son motorizadas, a 230 V; no existe una versión manual. La estructura y los herrajes son de acero inoxidable AISI 316L, con una vida útil de más de quince años, y la lama está pensada para entre diez y quince según uso y mantenimiento. Se fabrican conforme a la norma de seguridad NF P90-308, la referencia europea para cubiertas de piscina de uso familiar; decimos «conforme a» con intención, porque no existe un certificado que se entregue con cada instalación.




