Piscinas de tres épocas distintas y una misma cubierta a medida
Arganda es un municipio con historia industrial y agrícola, no una ciudad dormitorio construida de una vez. Eso se nota en sus piscinas: no hay un modelo dominante, hay tres generaciones conviviendo.
Las más antiguas están en La Poveda y en las parcelas que salieron hacia el río: vasos de obra de los setenta y ochenta, muchas veces con escalera romana y con la coronación hecha a mano. Para una cubierta, lo importante en estos casos es comprobar que los dos bordes largos son paralelos y que la piedra de coronación está en condiciones de recibir el apoyo. Se mide en la visita y se dice con claridad si hay solución.
Las intermedias son las de las urbanizaciones de los noventa y dos mil: vasos rectangulares, medidas estándar, sin complicación. Son las instalaciones más rápidas, normalmente de una jornada con enrollador visible.
Y están las nuevas, de las promociones unifamiliares recientes. Ahí conviene decidir pronto: si el vaso aún no está hormigonado se puede dejar previsto el alojamiento del eje y la cubierta queda sumergida dentro de la propia piscina, sin nada a la vista cuando está recogida.
En los tres casos el producto es el mismo. Estructura y herrajes de acero inoxidable AISI 316L —nunca aluminio—, con una vida útil de más de quince años. Lama de PVC, opaca y robusta, o de policarbonato solar, translúcida, que deja pasar la radiación y ayuda a calentar el agua; la lama está pensada para entre diez y quince años según uso y mantenimiento. Accionamiento motorizado a 230 V: no existe versión manual.
Y en seguridad, todas se fabrican conforme a la norma NF P90-308, la referencia europea para cubiertas de piscina de uso familiar. Lo decimos así, «conforme a», porque no existe un certificado que se entregue con cada instalación: lo que hay es una norma de fabricación que se cumple.




