Dos suroestes distintos, y una cubierta que se fabrica a medida
Mirando solo el número de piscinas, el suroeste parece un bloque homogéneo. No lo es. Hay dos realidades muy distintas y conviene distinguirlas, porque la cubierta se plantea de forma diferente en cada una.
La primera son los municipios pequeños con densidad altísima: El Álamo, con 1.947 piscinas para 10.594 habitantes; Griñón, con 1.520 para 10.799; Cubas, Serranillos, Batres. Aquí casi toda la vivienda es unifamiliar con parcela, hay piscinas de varias generaciones conviviendo y el acceso hasta el vaso suele ser el punto a medir, porque rara vez se puede aproximar el vehículo.
La segunda son las ciudades grandes con barrios de chalet: Móstoles, Getafe, Parla, Fuenlabrada, Valdemoro. Menos piscinas en proporción a su población, porque dominan los bloques, pero concentradas en zonas muy identificables y casi siempre con vasos recientes y bien ejecutados.
Y luego está Arroyomolinos, que es un caso aparte: el municipio donde más piscinas nuevas se han construido de toda la provincia en los últimos cuatro años, con un parque prácticamente entero de este siglo.
En los tres casos el producto es el mismo, porque cada cubierta se fabrica a la medida exacta del vaso. Lo que se decide es la posición del eje —visible sobre la piedra de coronación, que vale para cualquier piscina ya hecha, o sumergido dentro del vaso, que hay que prever antes de hormigonar— y el tipo de lama: PVC opaca y robusta, o policarbonato solar translúcida, que deja pasar la radiación y ayuda a calentar el agua.
Lo que no cambia: estructura y herrajes de acero inoxidable AISI 316L, nunca aluminio, con más de quince años de vida útil; lama pensada para entre diez y quince años; accionamiento motorizado a 230 V, porque no existe versión manual; y fabricación conforme a la norma de seguridad NF P90-308, la referencia europea para cubiertas de piscina de uso familiar.




