Qué mirar antes de poner cubierta en un chalet de Alcalá
En una ciudad como Alcalá, donde el chalet con piscina está en barrios de urbanización reciente, casi todas las piscinas se parecen: rectangulares, de medidas normales y bien ejecutadas. Eso simplifica mucho la decisión, que se reduce a tres cosas.
Dónde va el eje. El enrollador visible se apoya sobre la piedra de coronación en uno de los extremos del vaso: vale para cualquier piscina ya construida, no obliga a picar y se monta en un día. El enrollador sumergido va dentro del propio vaso y deja la piscina limpia a la vista, pero exige que el hueco esté previsto antes de hormigonar; en un chalet ya entregado, eso solo compensa si se va a reformar la piscina de todos modos.
Qué lama. La de PVC es opaca y robusta, la opción de siempre cuando lo que se busca es seguridad y limpieza. La de policarbonato solar es translúcida: deja pasar la radiación mientras está cerrada y ayuda a subir la temperatura del agua, útil en mayo y septiembre.
Por dónde entra el material. En parcelas de tamaño medio, con la casa pegada a un lindero, lo que condiciona el montaje es el ancho libre de paso. Todo sube desmontado y se ensambla al borde del vaso, así que casi siempre hay solución, pero es lo primero que se mide en la visita.
Lo que no se elige: todas nuestras cubiertas son motorizadas, a 230 V —no existe versión manual—, y la estructura y los herrajes son siempre de acero inoxidable AISI 316L, nunca aluminio, con más de quince años de vida útil. La lama está pensada para entre diez y quince años según uso y mantenimiento, y se cambia sin sustituir el resto.
En seguridad, se fabrican conforme a la norma NF P90-308, la referencia europea para cubiertas de piscina de uso familiar: exige que la cubierta cerrada impida el paso de un niño menor de cinco años y resista a un adulto de 100 kg sin romperse ni soltarse de los anclajes. Lo decimos como es: se fabrica conforme a esa norma, no existe un certificado que se entregue con cada instalación.




