Por qué en un pueblo de diez mil habitantes hay casi dos mil piscinas
La cifra descoloca a cualquiera que mire el mapa: El Álamo tiene más piscinas registradas que municipios con el triple de población. Pero es el resultado directo de cómo se ha construido el suroeste de Madrid.
Cuando un municipio crece con suelo disponible y a 37 kilómetros de la capital, la vivienda que se hace es unifamiliar con parcela: casa aislada o pareada, jardín y sitio para piscina. El Álamo se desarrolló así, en catorce sectores, con la trama de unifamiliar concentrada en zonas como Los Alpes, Cerro de los Morales y La Fábrica.
Eso significa que aquí conviven piscinas de varias generaciones, y para una cubierta automática eso es lo único que importa de verdad. Las más antiguas suelen ser vasos de obra, a veces con escalera romana y con la coronación hecha a mano: al fabricar cada cubierta a medida podemos adaptarnos, y lo que condiciona el planteamiento es que los dos bordes sobre los que apoya la lama sean paralelos. Las más recientes son rectangulares y de medidas estándar: son los montajes más rápidos.
Sobre el tipo de cubierta, la decisión es dónde va el eje. El enrollador visible se apoya sobre la piedra de coronación en un extremo: vale para cualquier piscina ya construida, no obliga a picar y se monta en un día. El enrollador sumergido va dentro del propio vaso y deja la piscina limpia a la vista, pero el hueco hay que preverlo antes de hormigonar —o aprovechar una reforma—.
En lamas, la de PVC es opaca y robusta; la de policarbonato solar es translúcida y ayuda a calentar el agua. La estructura y los herrajes son siempre de acero inoxidable AISI 316L —nunca aluminio— y duran más de quince años; la lama, entre diez y quince. Todas nuestras cubiertas son motorizadas, a 230 V: no existe versión manual.
Y en seguridad, se fabrican conforme a la norma NF P90-308, la referencia europea para cubiertas de piscina de uso familiar. «Conforme a», con intención: no existe un certificado que se entregue con cada piscina.




