Clima de Seseña: seis meses de piscina parada
Seseña está en la ribera de la Sagra, en pleno clima continental: veranos largos y muy secos con máximas altas, e inviernos fríos con heladas nocturnas habituales entre diciembre y febrero. En la práctica, la piscina se usa poco más de tres meses y pasa medio año cerrada, expuesta al polvo, al viento y a la lluvia.
Ese medio año parado es donde una cubierta de lamas rinde más de lo que la gente espera. Cerrada, el vaso queda protegido de la hojarasca y de la suciedad que arrastra el viento, el agua no se degrada igual y la puesta a punto de mayo se resuelve en un día en lugar de en una semana de vaciados y productos.
En verano el argumento es el ahorro. Con el aire seco de la meseta y jornadas largas de sol, una piscina descubierta evapora agua todos los días. Cerrar la cubierta por la noche corta esa pérdida y reduce de forma clara el consumo de agua y de producto químico, algo especialmente notable en las urbanizaciones donde cada vecino asume su propio mantenimiento.
Y luego está lo que más se agradece: los meses de mayo y septiembre. Con la cubierta cerrada de noche, el agua conserva el calor ganado durante el día y la temporada de baño se alarga por los dos lados sin gastar un euro en climatización.
En adosados con piscina pequeña solemos plantear enrollador visible, que es más económico y ocupa poco; en parcelas grandes de Seseña Viejo, si hay hueco, el sumergido queda mucho más limpio estéticamente. Te lo explicamos en la visita y lo puedes comparar en Modelos de cubierta.




