Qué implica comprar la cubierta con la piscina recién hecha
Arroyomolinos concentra hoy una de las mayores bolsas de piscina nueva de la Comunidad de Madrid. Y una piscina nueva plantea una decisión que no tiene quien lleva veinte años con la suya: dónde va el eje de la cubierta.
El enrollador visible se apoya sobre la piedra de coronación en uno de los extremos del vaso. Es la opción universal: vale para cualquier piscina ya construida, no obliga a picar nada y se instala normalmente en una jornada. Cuando la cubierta está recogida, se ve el eje con las lamas enrolladas.
El enrollador sumergido va dentro del propio vaso, bajo el nivel del agua, y deja la piscina completamente limpia a la vista. Pero el hueco hay que dejarlo previsto antes de hormigonar. Si tu vaso está ahora en obra, ésa es la ventana: el alojamiento se hace de una vez con el resto y sale sin sobrecoste de obra.
La segunda decisión es la lama. La de PVC es opaca, robusta y la de siempre: frena la evaporación, tapa la luz —lo que reduce las algas— y es la elección natural cuando lo que se busca es seguridad y limpieza. La de policarbonato solar es translúcida: deja pasar la radiación durante el día y ayuda a subir la temperatura del agua, algo que a 647 metros de altitud, con noches frescas de mayo y de septiembre, se nota.
Lo que no se elige es el motor: todas nuestras cubiertas son motorizadas, a 230 V. No existe versión manual. Y la estructura es siempre de acero inoxidable AISI 316L —nunca aluminio en ningún punto—, con una vida útil por encima de los quince años.
En seguridad, se fabrican conforme a la norma NF P90-308, la referencia europea para cubiertas de piscina de uso familiar, que exige que la cubierta cerrada impida el paso de un niño menor de cinco años y resista a un adulto de 100 kg. Lo decimos así, «conforme a», porque no existe un certificado que se entregue con cada instalación: lo que hay es una norma de fabricación que se cumple.




