A 399 metros y bajo el pi blanc: qué le pasa de verdad a una piscina en Begues
Begues no es un pueblo de costa aunque tenga el mar a media hora. Se asienta a 399 metros sobre la plataforma calcárea del extremo noroeste del macizo del Garraf, y el propio Ajuntament recuerda que la mayor parte de las 12.820 hectáreas del Parc del Garraf pertenecen a su término. En esos 50 km² hay poco casco y muchas urbanizaciones de chalet: eso condiciona la piscina más que cualquier otra cosa.
La temporada se acorta por arriba, no por abajo
El Meteocat clasifica la comarca del Garraf, el macizo que Begues comparte con Sitges y Olivella, como clima mediterráneo litoral sur: de 550 a 600 mm de lluvia al año, inviernos de 7 a 9 °C de media, veranos de 22 a 24 °C y periodo árido en junio y julio. Y añade el matiz que aquí decide: los valores más altos de temperatura de invierno se dan en la línea de costa. Begues está 399 metros por encima de ella. Las noches son frescas y el agua se enfría de madrugada por evaporación y radiación, justo en los meses de bisagra: la cubierta cerrada corta una pérdida que abajo apenas se nota. Con bomba de calor, su consumo cae entre el 50 y el 60 % si el vaso pasa la noche tapado.
El periodo árido coincide con los dos meses de más baño
Los dos meses de más uso son los dos en los que menos llueve: la evaporación se concentra en junio y julio. En un vaso de 8 por 4 metros la cubierta evita cada año entre 15.000 y 25.000 litros. Y esa agua no es barata: el suministro de Begues lo gestiona Aigües de Barcelona, y la Agència Catalana de l'Aigua publica para el municipio un precio total de 3,208 € el metro cúbico, sobre un consumo de referencia de 12 m³ mensuales, vigente a 1 de enero de 2025. Pero la reposición de agosto no se paga a ese precio medio: se suma al final del consumo, y en el tramo más alto de la tarifa progresiva metropolitana el metro cúbico marginal llega a 10,31 € con IVA. De ahí que la administración catalana recomiende cubrir: la ACA deja por escrito que un cobertor —su palabra para esto— rebaja la evaporación «fins a un 70 %», y protege además de las heladas y de la materia orgánica.
Aquí el pino no queda al lado: queda encima del vaso
La Diputació de Barcelona describe el Parc del Garraf como un paisaje de pinedas de pi blanc, con margalló y garric, favorecido por los suelos pobres y por la escasez de agua superficial que deja la roca caliza. En Begues la parcela es grande y el pinar no está en el horizonte: está sobre la piscina. La acícula es lo que más ensucia el agua, y en abril el pi blanc llena el aire de polen. Con la cubierta cerrada nada de eso llega al vaso: el cestillo se atasca menos, la depuradora filtra menos horas y el gasto de producto químico cae en torno a un 35 %. El enemigo de una piscina de Begues no es la sal ni la arena: es la aguja de pino.
Qué lama y qué eje encajan en una casa de Begues
Con temporada corta y madrugadas frescas, la lama más pedida aquí es la de policarbonato solar: deja pasar la radiación y templa el agua con el sol, que es lo que falta en mayo y en octubre. Bajo pinar denso y con uso diario, encaja mejor la lama de PVC. Todas van motorizadas a 230 V y 50 Hz, con mando o con pulsador de pared: no hay versión sin motor. El eje admite dos salidas, sobre el agua —con cajón o a la vista— o sumergido y oculto, que obliga a decidirlo antes de hormigonar. Hay una ficha de cada sistema en Modelos de cubierta y de cada material en Tipos de lamas.




