Por qué en Cerdanyola la evaporación se paga más caro que en el resto del Vallès
Cerdanyola del Vallès es uno de los municipios que abastece Aigües de Barcelona dentro del área metropolitana. No es un detalle administrativo: cambia lo que cuesta el agua que se evapora de tu piscina, porque Sant Cugat del Vallès y Matadepera, ahí al lado, van con otro suministrador y otra tarifa.
El agua que reponer entra por el tramo más caro del recibo
En el área metropolitana el consumo doméstico se factura en cinco tramos progresivos, y encima se suma el cànon de l’aigua de la Agència Catalana de l’Aigua, también por tramos. Un chalet con jardín y cuatro o cinco personas ya está en verano en el tramo alto: los litros evaporados de la piscina no se pagan al precio del primer tramo, sino al del último. El metro cúbico marginal del tramo más alto llega a 10,31 €/m³ con IVA sumando suministro, cànon y alcantarillado. En una piscina de 8×4 m la evaporación de un año está entre 15.000 y 25.000 litros, y la Agència Catalana de l’Aigua firma que un cobertor la reduce hasta un 70 %: con las tarifas metropolitanas, del orden de 108 a 180 € de agua al año que no se pagan.
La noche del Vallès se lleva lo que ha ganado el día
Aunque Barcelona quede al otro lado de Collserola, el clima es de interior. La estación del Meteocat de Sant Cugat-CAR, a pocos kilómetros del término, mide entre 2014 y 2025 61,2 días al año con máxima por encima de 30 °C pero solo 31,3 noches tropicales, con 10,4 días de helada y una mínima absoluta de −4,4 °C. Es el patrón del Vallès: tarde de calor y noche despejada que la devuelve. La piscina descubierta pierde de noche, por evaporación y radiación, buena parte de lo que ganó por la tarde. La cubierta cerrada corta esa pérdida, y por eso aquí suma semanas de baño en primavera y en otoño; en la costa del Maresme, con las noches ya templadas, ese margen se nota mucho menos.
Cien años de jardín justo encima del agua
Bellaterra se empezó a urbanizar en 1929 y Montflorit conserva casas de finales del XIX y principios del XX: son jardines adultos, con arbolado grande plantado antes de que existiera la piscina. Y por el sur el término entra en el Parc Natural de la Serra de Collserola, del que Cerdanyola es uno de los nueve municipios. La piscina de aquí no pelea con la sal: pelea con la hoja, la acícula de pino y el polen. La Agència Catalana de l’Aigua lo recoge en su recomendación oficial de cubrir la piscina —«cobertor», en su terminología; en catalán la lama se dice lamel·la—: reduce la evaporación hasta un 70 %, evita las heladas y frena la entrada de materia orgánica. Menos materia orgánica es menos cloro y menos horas de depuradora: con cubierta, el consumo de productos químicos baja alrededor de un 35 %. Con bomba de calor, el ahorro de climatización se sitúa entre el 50 y el 60 %.
Qué lama y qué eje en un vaso que ya existe
Con días calurosos y noches frescas, aquí suele encajar la lama de policarbonato solar: capta la radiación y templa el agua aprovechando el sol, en los meses en que al Vallès le faltan grados de noche. Bajo arbolado y con uso diario, la lama de PVC sigue siendo la más robusta. El enrollador, en piscina ya construida, va sobre el agua, con o sin cajón; el eje sumergido hay que preverlo antes de hormigonar, así que en Cerdanyola es la opción de la obra nueva. Todas nuestras cubiertas son motorizadas, a 230 V y 50 Hz, con mando o pulsador: no hay versión manual. Los sistemas, en Modelos de cubierta; los materiales, en Tipos de lamas.




