Clima de Torrijos: por qué una cubierta cunde tanto aquí
El clima de Torrijos es continental mediterráneo de manual: veranos secos y muy calurosos, con jornadas de julio y agosto que se van con facilidad por encima de los 35 grados, e inviernos fríos con heladas frecuentes de madrugada. Entre el día y la noche hay una diferencia térmica enorme, y esa amplitud es justo el enemigo de una piscina descubierta.
En verano el problema es la evaporación. Con sol directo, aire seco y viento, una piscina descubierta pierde agua todos los días, y con el agua se van los productos químicos que acabas de echar. Cerrar la cubierta por la noche corta esa pérdida casi por completo y reduce el consumo de cloro de forma que se nota en la factura de mantenimiento desde el primer verano.
En invierno el problema es el contrario: heladas, hojas y suciedad durante seis meses en los que nadie se baña pero el vaso sigue ahí. Una cubierta de lamas cerrada mantiene el agua limpia y protegida, evita que el viento llene la piscina de hojarasca y polvo, y hace que la puesta en marcha de mayo sea cuestión de horas y no de una semana de trabajo.
Y en primavera y otoño está el motivo por el que la mayoría de nuestros vecinos se decide: la cubierta alarga la temporada por los dos extremos. Cerrada por la noche, el agua conserva buena parte del calor que ha ganado durante el día, y eso adelanta el primer baño a finales de mayo y lo estira hasta bien entrado septiembre.
Sobre el material, en la zona se instala mucha lama de PVC por robustez y precio; la de policarbonato solar es la opción si quieres ganar temperatura aprovechando el sol; y la transparente, la más discreta. Puedes verlas todas en Modelos de cubierta y Tipos de lamas — o pasarte por la fábrica y verlas en persona.




