Clima de Galapagar: sierra, hojarasca y una temporada corta
Galapagar está a bastante más altitud que Madrid capital, y eso se nota: las noches son más frescas incluso en pleno verano, y las heladas invernales son más frecuentes y más duras que en la ciudad. Sin ayuda, la temporada de baño en la sierra es corta de verdad, poco más de dos meses y medio de agua realmente utilizable.
Ahí es donde una cubierta de lamas marca la mayor diferencia de toda la Comunidad de Madrid. Cerrada por la noche, retiene el calor que el agua ha ganado durante el día y evita la evaporación, que es justo el mecanismo por el que una piscina de sierra se enfría de madrugada. Ganar cuatro o cinco grados de temperatura al amanecer se traduce en varias semanas más de baño por temporada.
El segundo factor es la hojarasca, y en Galapagar es constante. Los pinos sueltan acícula todo el año y las encinas dan hoja y bellota en otoño; una piscina descubierta bajo esa cubierta vegetal es trabajo diario de recogedor y de limpiafondos, además de un consumo de producto químico muy superior. Con la cubierta cerrada, la piscina se mantiene sola.
El tercero es el invierno, que aquí dura de verdad. De octubre a mayo el vaso está parado y expuesto a la lluvia, al hielo y a la suciedad. Una cubierta de lamas cerrada protege el agua y hace que la apertura de mayo sea cuestión de horas, en lugar de la semana de vaciado y limpieza que se lleva mucha gente de la sierra todos los años.
Para una casa de sierra recomendamos casi siempre valorar la lama de policarbonato solar, porque aprovecha el sol para calentar y aquí cada grado cuenta; la de PVC sigue siendo la opción más robusta y económica. Las diferencias, con fotos, están en Tipos de lamas.




