Terral, levante y salitre: aquí la cubierta trabaja distinto
Rincón de la Victoria tiene un dato que no tiene casi ningún municipio de la costa: en episodios de terral ha llegado a marcar la temperatura más alta de España, y no en pleno agosto, sino en octubre. Ese viento seco del interior dispara la evaporación de la lámina de agua justo cuando todavía se usa la piscina. Una cubierta de lamas cerrada corta esa pérdida y evita rellenar el vaso cada pocos días.
El otro viento es el de levante, que en esta costa oriental empuja marejada contra los acantilados de El Cantal y deja una capa fina de sal en todo lo que esté a menos de cien metros del agua. En el paseo Virgen del Carmen, en Los Rubios o en la playa de La Cala del Moral ese salitre se come cualquier herraje corriente. Por eso el eje, los soportes y la tornillería van en acero inoxidable 316L.
A eso se suma lo que el viento transporta: arena oscura y fina de los siete kilómetros de playa, y hoja de pino y palmera en las parcelas de Añoreta Golf y de las urbanizaciones altas. Con la cubierta cerrada esa suciedad se queda encima de las lamas y se retira con la manguera, en vez de acabar cada mañana en el fondo del vaso y en el filtro de la depuradora.
El sol pega aquí casi todo el año y buena parte de las piscinas del municipio funcionan con cloración salina, que suma sal del agua a la sal del aire. Esa combinación castiga los materiales baratos y los enrolladores improvisados. Nosotros montamos siempre eje en 316L y motor a 230 V, sobre el agua apoyado en la piedra de coronación o sumergido en su foso cuando la piscina se está construyendo.
Con ese cuadro, la lama decide el resultado. El PVC es la opción más habitual en el Rincón por uso familiar y limpieza frecuente; el policarbonato solar encaja en las villas de Torre de Benagalbón y Añoreta que quieren estirar la temporada aprovechando el sol de otoño, y el transparente cuando pesa la estética. Las diferencias, una a una, están en la página de <a href="lamas.html">tipos de lama</a>.




