Viento, césped y hoja: lo que de verdad ensucia una piscina en La Quinta
La primera consecuencia es la suciedad. Estar rodeado de calles de golf y de arbolado significa siega, polen y hoja casi todo el año, y con el poniente eso acaba en el agua. Una cubierta de lamas cerrada es una barrera física: lo que cae se queda encima y se retira de un manguerazo, en vez de irse al fondo y al skimmer.
La segunda es térmica. A esta altura las noches refrescan antes que en la costa, y una piscina descubierta pierde de noche buena parte de lo que ha ganado de día. Cerrar la cubierta al anochecer corta esa pérdida, que es sobre todo evaporación.
Y hay un tercer efecto que no se suele contar: menos suciedad y menos evaporación significan menos producto químico. Al reponer menos agua, se diluye menos el tratamiento, y el consumo de química baja del orden de un tercio.
