El salitre y el levante del Estrecho mandan en Casares
Casares Costa está a pie de playa: entre Playa Ancha y Piedra Paloma hay apenas dos kilómetros de litoral, y una piscina a esa distancia del agua recibe aerosol marino todos los días. El salitre no ataca a la lama, que es plástica, pero sí a todo lo metálico que la sostiene. Por eso nuestro eje, los soportes y la tornillería son acero inoxidable 316L, el que se usa en ambiente marino, y nunca otro material.
Casares es de los últimos municipios malagueños antes de Cádiz, y eso se nota: aquí el levante y el poniente del Estrecho soplan con más fuerza que en Marbella. Un viento así llena la piscina de hoja seca y arena en una tarde. Con la cubierta cerrada, el agua queda tapada de borde a borde y el vaso no se ensucia; además la lama frena la evaporación, que con levante seco se dispara.
La temporada de baño aquí no acaba en agosto. Entre el golf y los alquileres, en Casares Costa se sigue usando la piscina en octubre, y en abril ya se quiere entrar. Una cubierta cerrada por la noche conserva buena parte del calor que el agua ha ganado de día, así que la piscina amanece varios grados por encima y la temporada se estira por los dos extremos sin calentar.
Arriba, en el pueblo, la historia cambia: a 435 metros bajo la Sierra Crestellina las noches son más frescas y en invierno cae hoja del monte. Ahí la cubierta trabaja sobre todo como tapa: menos suciedad, menos producto químico y menos horas de depuradora. Y en las dos zonas cumple lo mismo, la norma NF P90-308: cerrada y con la llave fuera, un niño no puede caer al agua.
¿Qué lama pedir en Casares? En primera línea, con sol duro y salitre, el PVC es la opción sensata: aguanta, se limpia con agua dulce y no da sorpresas. En las villas de Cortesín, donde la piscina se ve desde el salón y desde el jardín, mucha gente prefiere el policarbonato solar, que además ayuda a templar el agua. Puede comparar las dos con calma en nuestra página de <a href="lamas.html">lamas para cubierta de piscina</a>.




