Pensada para el calor de interior y el levante del Marco de Jerez
Jerez es una ciudad de interior, apartada de la costa, así que su clima es más continental y caluroso que el del litoral. En julio y agosto las máximas superan con holgura las de El Puerto o Sanlúcar, con episodios de levante en los que el termómetro roza los 40 grados. Con ese sol, el agua de la piscina se recalienta y se evapora sin parar. Una cubierta automática frena la evaporación, estabiliza la temperatura y reduce el consumo de agua y de productos químicos durante todo el verano.
El gran enemigo de las piscinas jerezanas no es el salitre, sino el viento y lo que arrastra. El levante llega seco y racheado desde el este, cargado de polvo y calima sahariana, y ensucia el agua a diario; el poniente atlántico refresca las tardes pero también trae hojas y suciedad. Una cubierta cerrada mantiene el vaso limpio pese al viento: te ahorra recoger la superficie cada mañana y llegas a bañarte con el agua transparente.
En verano las jornadas son largas y soleadas, pero las tardes del Marco de Jerez refrescan y por la noche el agua pierde calor. La cubierta actúa como manta térmica: conserva el calor acumulado durante el día y alarga la temporada de baño por los dos extremos, en la primavera avanzada y en el arranque del otoño, cuando aún apetece meterse pero las noches ya bajan.
En un chalet donde viven niños o mascotas todo el año, o en una villa de golf que a veces se cede o alquila, la seguridad es lo primero. Nuestras cubiertas cumplen la norma francesa NF P90-308 y funcionan como barrera física real: cerradas, impiden caídas accidentales al agua. Fabricamos la perfilería y los herrajes para aguantar el uso intensivo del verano jerezano y responder año tras año.
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